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Historia del pensamiento económico

29.1.2. Joseph Allois Schumpeter (1883-1950)

 

La teoría de los ciclos de Schumpeter

 

Obra: LA TEORíA DE LOS CICLOS DE SCHUMPETER

La política austríaca de esos años


Su vida

Se trata de un personaje típico de novela romántica, que no llegó a ser el economista más importante de su época -como él mismo pretendía- porque le tocó vivir en tiempos su envidiado Keynes.

Joseph Alois nace en la pequeña ciudad de Trest, en Moravia, en la actual Chequia, a mitad de camino entre Viena y Praga. Hijo de una importante saga de industriales textiles y de profesionales médicos de prestigio. Los Schumpeter eran gente principal, que mantenía la leyenda de que su linaje fue orinado por un caballero germánico anterior ala fundación del Sacro Imperio. Siempre se comportaron como miembros de una elitista y minoritaria aristocrácia alemana católica en un ambiente checo y judío. No obstante, cuando Joseph tenía cuatro años murió su padre y sus abuelos maternos dejando a la familia en una posición económica modesta. De manera que como no podían costearse los colegios de Viena lo enviaron a Graz, a 165 kilómetros al sur de Viena, donde los profesores eran todos alemanes. Su madre, a fin de mantener el nivel de vida que creía que le correspondía, se casó cuando ella tenía sólo 32 años con un mariscal jubilado del ejército austro-húngaro de 65 años, lo que para ella supuso un mayor prestigio social. No obstante, se separó del ex-militar tan pronto como Joseph terminó sus estudios en la Universidad.

En la Facultad de Derecho de la Universidad de Viena se dió a conocer entre sus compañeros por su elitismo y antisemitismo y por sus ideas políticas: firme partidario del orden económico, político y social de la monarquía austro-húngara.

Se graduó a los cuatros años y medio, habiendo estudiado leyes, economía, história y ciéncia política y, habíendo desarrollado una frenética vida social.

En economía varias personalidades de la Universidad influyeron en él. Carl Menger, que era el padre de la nueva economía marginalista en el área austríaca y alemana, que en aquellos años vivía retirado de la Universidad, Friedrich von Wieser, que fue el sustituto de Menger y Eugen Böhm-Bawerk, fueron maestros suyos. Sin embargo, y a pesar de ello, no se puede afirmar que Schumpeter estuviese plenamente integrado en la Escuela Austríaca de pensamiento económico.

Desde 1905 hasta su muerte Böhm-Bawerk dirigió un seminario sobre economía, que se hizo más que famoso, mítico: a él asistió regularmente Schumpeter los años 1905 y 1906, que se centró -durante ese curso- en la figura de Karl Marx.

Con 23 años, y el título de licenciado bajo el brazo se dispuso a dedicar un periódo de su vida a los viajes -algo totalmente común entre las clases pudientes del centro de europa-, visitando Alemania, Francia e Inglaterra, teniendo como principal ocupación la de desarrollar una intensa vida social. En Londres llevó un costoso nivel de vida; él mismo se vanagloriaba de ser un vividor (algunas biógrafos dicen un calavera), sin embargo, durante ese tiempo también estuvo dedicado al estudio y a la escritura.

La vida social de Londres le llevó al matrimonio en 1907 con Gladys Seaver, unos doce años mayor que él, pero aristócrata y bien relacionada.

Debio al nivel de vida que le gustaba llevar necesitaba tener ingresos importantes por lo que aceptó un trabajo en un bufete de abogados de El Cairo, donde, entre otras actividades, administraba las finanzas de determinados miembros de la nobleza, por lo que era gratificado expléndidamente.

Nunca olvidó su interés por la economía académica lo que le llevó a conocer a Alfred Marshall, el gigante inglés del neoclasicismo y a Walras, pionero del equilibrio general, y a completar el libro Naturaleza y contenido esencial de la teoría Económica (1908), que se publicó en El Cairo. Obra dirigida a la divulgación de la teoría económica entre el público alemán, que le consagró como un teórico de primera fila.

En 1909 la pareja se traslada a Viena, pues Joseph está decididó a convertirse en profesor de economía, donde tras realizar las correspondientes oposiciones optiene un contrato como profesor temporal en la Universidad de Czernowitz (pequña ciudad en la actual Ucrania, a más de mil kilómetros de Viena). Se cuenta que no consiguió un puesto en la Universidad de Viena, que era lo que él deseaba, debido a que el tribunal lo consideró un joven demasiado arrogante. Durante su estancia en Czernowitz escribe el libro La teoría del desarrollo económico (1911), centrado en la actividad innovadora de los empresarios, donde desarrolla su conocido análisis dinámico (algo totalmente novedoso en un mundo de teoría económica centrada en el estudio de los equilibrios estáticos). Esta obra sigue siendo hoy en día un obligado punto de referencia.

Al cabo de dos años consiguió una plaza más cerca de Viena, en Graz, gracias a sus buenas relaciones con el Ministro de Educación y en contra del claustro de esa Universidad. Con 28 años se convertia en el catedrático más joven de la segunda Universidad del Imperio.

Durante su primer curso en Graz, sus estudiantes se amotinaron por su excesiva exigencia con las lecturas, los exámenes y su arrogante trato. Asunto que debió ser de suma importancia pues llegó al gobernador de la provincia y al Ministro de Educación. Schumpeter tuvo que cambiar de actitud.

Fue en Graz donde paso la Primera Guerra Mundial, aunque ésta tuvo apenas influencia sobre su trabajo académico, se mostró como totalmente germanófilo pero partidario de la independencia de Austria respecto a Alemania, y como siempre, partidario de regímenes aristocráticos y capitalistas. Durante el final de la guerra, decide emprender una carrera política intrigando para ser nombrado Ministro de Comercio en vez de Wieser, a fin de oponerse a la unión aduanera con Alemania; no lo consigue. Pero tras la rendición es nombrado de forma rocambolesca, Ministro de Hacienda de la República Austríaca, con el apoyo de los socialistas (gracias a los contactos que desarrollo en el seminario de Böhm-Bawerk). Pero su gusto por el lujo y la ostentación en un país que sufria los efectos de una posguerra y una dura inflación le llevarón a la dimisión al poco tiempo.

En el plano sentimental, a los pocos meses de la boda con Gladys, cada uno comenzó a llevar su propia vida amorosa y Schumpeter fue conocido por su vida libertina y exibicionista, dejandose ver con mujeres de vida alegre por los principales bulevares de Viena.

Durante su carrera política se enfrento con los profesores de Viena, encabezados por Wieser, por lo que le resultó difícil volver al mundo académico, de manera que decide emprender una carrera nueva en el mundo de los negocios. Para lo que invirtió el premio de consolación que se dá a los ex-ministros cuando se les despide: en este caso se trató de un presidencia de un banco. El resultado fue un fracaso total, pues además de perder mucho dinero terminó en el banquillo de los acusados, donde salió a relucir su implicación en asuntos dudosos, no obstante, no salió mal parado del todo. En 1924 era un fracaso sin empleo.

Sus penas y amarguras las compartía con Annie, hija de los porteros del edificio en donde vivía su madre. Veintidos años ella, cuarenta dos él. Joseph estaba desesperadamente enamorado de la hija de un conserje. Ninguna de las dos familias aprobó la boda, ni asistieron a la misma, sin embargo, resultó un matrimonio feliz, pues además Schupeter consiguió una plaza de profesor en la Universidad de Bonn, aunque siguió llevando una vida de lujo que le mantenía permanentemente endeudado. Para competar el placentero cuadro Annie quedó embarazada.

No duró mucho, en Agosto de 1926 murió Annie, su hijo y su madre; Schumpeter entró en un estado de depresión y angustia que le duraría toda su vida. A partir de ese momento en su diaría aparecerá frecuentemente la frase "paz, pero no alegría".

En 1927 contrata a una joven secretaria: Mia (María) que pronto se convirtió en su amante secreta (nunca compartieron su intensa vida social), a pesar de ello nunca abandonó su estado melancólico.

En 1932 aceptó una oferta de Harvard como profesor permanente. Era un puesto profesionalmente estimulante, por la Universidad, por el salario, por los estudiantes y por su carrera como teórico, ya que sería heredero directo de Taussig. No consideró a Mia apropiada para el matrimonio y Harvard es un lugar demasiado puritano para tener amantes, de manera que Mia se quedó en Europa y pasó a formar parte de la resistencia Yugoslava, los nazis la capturaron y murió fusilada.

En Harvard en 1933 Schumpeter conoce a Elisabeth a la que contrató como ayudante de investigación, que se doctoró en 1934. Ella tenía una preciosa casa en Taconic (a 200 kilómetros de Harvard, lugar donde está tomada la fotografía de arriba), que había recibido tras un anterior divorcio. Joseph pasaba allí los fines de semana con su discípula. Se casarón a finales de 1937 en una iglesia protestante de Nueva York. él seguía deprimido y escribiendo en su dierio la frase más repetida: "sin gozo, pero con paz".

En ideología política también continuó siendo elitista, germanófilo, projapones y antijudío. Por lo que con la guerra se abrió un importante brecha entre él y Harvard. Cada vez se sentía más aislado y deprimido. Estaba tan disgustado con la marcha de la guerra que cualquier conversación de asuntos mundanos le hacía enfrentarse con todo el mundo. Para colmo, sintió una profunda envidia de Keynes, pues los éxitos del inglés le torturaban por no haber alcanzado él mismo una resonancia parecida. De hecho, en 1939 publicó Business Cycles cuyo impacto consideró demasiado limitado debido a la aparición de la Teoría General en 1936. Despúes comenzó a escribir Capitalismo, socialismo y democracia, 1942, donde sostiene la tésis de la decadéncia progresiva del capitalismo porque el progreso técnico destruye los pilares del individualismo, de la meritocracia y de la desigualdad; sin los cuales el socialismo se convertirá en una realidad, sin necesidad de revolución.

En 1939 se hizo cargo de la asignatura "Historia del Pensamiento Económico desde 1776", con lo que se planteó escribir una historia de la teoría económica, pero con su terrible depresión el trabajo avanzaba muy poco a poco. Y para colmo, en 1947 se le diagnostíca cancer de pecho a Elisabeth, la vida de Schumpeter se descalabró. En enero de 1950 cuando estaba trabajando le dió un ataque fulminante que terminó con su vida. Elisabeth se encargó de enterrarle a tres millas de la casa de Taconic y de recopilar y editar junto con la ayuda de Wassily W. Leontief (también profesor de Harvard) su gran libro Historia del Análisis Económico, 1954 (monumental obra de 1400 páginas), también publicó un importante ensayo que Schumpeter no tuvo de tiempo de completar Diez grandes Economistas: de Marx a Keynes.

La teoría de los ciclos de Schumpeter

La obra de Joseph Allois Schumpeter, al igual que la de Marx, combina estrechamente la teoría económica, la sociología y la historia. Su proyecto es del mismo calado y se propone estudiar la naturaleza, el funcionamiento y el porvenir del capitalismo desentrañando la lógica interna de su evolución, sus contradicciones posibles y los riesgos de degeneración que presenta. La ambición de Schumpeter se afirma y crece, de un trabajo a otro. En la primera edición de la Teoría de la Evolución Económica (1912), presenta un primer modelo del ciclo económico. En La segunda edición de esta obra y luego en su monumental Business Cycles (1939) prolonga y amplía el proyecto inicial. Finalmente, en Capitalismo, Socialismo y Democracia (1942), Schumpeter se propone responder a dos cuestiones centrales: ¿puede sobrevivir el capitalismo? y ¿puede funcionar el socialismo?. Si añadimos su Historia del Análisis Económico (1954), a la que dedica ocho años y que no logra concluir, tendremos las obras esenciales de uno de los autores más fecundos y originales de la historia del pensamiento económico.

La obra de Schumpeter nos ofrece en su evolución, su coherencia y su totalidad, una visión de conjunto del sistema capitalista. Es decir, sus objetivos van mucho más allá de lo que podemos cubrir razonablemente en el curso. A riesgo de caer en el reduccionismo, por otra parte tradicional, nos limitaremos al análisis Schumpeteriano de los ciclos, una teoría que todavía forma parte común del patrimonio de la economía.

Las dos fuentes de la ruptura del estado estacionario: la innovación y el crédito.

Antes del capitalismo reinaba "la economía estacionaria". Esta economía es circular, en el sentido de que los fenómenos que en ella se encadenan forman un círculo cerrado que garantiza su autorreproducción. Este circuito es estacionario en el sentido de que el sistema está gobernado por comportamiento inmutables, cualquiera que sean las modificaciones que se produzcan en el entorno. La economía estacionaria se reproduce idénticamente de un período a otro. Su lógica interna no produce ningún cambio capaz de alterar el curso de las cosas. Por consiguiente, esta economía es capaz de adaptarse y absorber las variaciones externas que la perturben, pero no es capaz de evolucionar; es decir, no es capaz de producir modificaciones endógenas.

Analíticamente, la expresión formal de la economía estacionaria es el equilibrio general walrasiano. En tal esquema, no existen los empresarios, en el sentido Schumpeteriano del término, sino simples explotadores que no obtienen ni beneficios ni pérdidas, que no toman riesgos y que no conocen la incertidumbre. En ese contexto, en el que no es necesario establecer un nexo entre el presente y el futuro, el dinero no es más que un intermediario neutro de los intercambios del que constituye un "velo".

Este marco de análisis, adecuado según Schumpeter para explicar lo que ocurrió durante siglos, se convierte en una ficción cuando la vida económica modifica ella misma los datos y los comportamientos, como resultado de procesos puramente endógenos. En este caso abandonaremos el mundo de la estática para pasarnos al de la dinámica, y dejaremos el circuito estacionario para pasarnos al de la evolución. Esta ruptura cualitativa nace de la innovación y del crédito, elementos fundacionales del capitalismo. Según Schumpeter, el capitalismo es "una forma de economía de propiedad privada en la que las innovaciones se ponen en marcha con la ayuda del dinero prestado".

Analíticamente, la innovación se define en Business Cycles como una modificación de la función de producción. Empíricamente la definición es más amplia. Las innovaciones resultan en efecto de cinco rubricas: (1) la aparición de un producto nuevo; (2) la introducción de una nueva tecnología; (3) la apertura de un nuevo mercado; (4) la puesta a disposición de nuevas materias primas; (5) el surgimiento de nuevas formas de organización.

La observación de los hechos muestra que el surgimiento de innovaciones obedece a características particularmente estables. Su puesta en marcha supone, en primer lugar, la presencia de empresarios innovadores cuyo papel consiste en insertar en el sistema productivo las invenciones aportadas por el progreso de la ciencia y la técnica o en explotar las oportunidades ofrecidas por nuevos mercados o por nuevas materias primas. Estos empresarios innovadores son escasos. Se trata a menudo de personas con nueva mentalidad que dan origen a empresas nuevas. Pero, una vez que ellos adopten con éxito las innovaciones, serán seguidos por una ola de empresarios imitadores que difundirán las innovaciones en toda la rama industrial en la que estas se aplican. Por esa razón, según Schumpeter, las innovaciones se suelen concentrar en ciertos sectores de la economía.

Por otra parte, la puesta en marcha de las innovaciones exige medios financieros importantes. Según Schumpeter, la mayor parte de las innovaciones sólo se pueden llevar a término con la construcción de nuevos equipos, a menudo asociados, además, a la creación de nuevas empresas. Los recursos que permiten al empresario atraer los medios de producción utilizados en otras ramas o empresas de la economía, provendrán prioritariamente de la banca. En consecuencia, es el banquero el que asume el riesgo aportando la financiación indispensable.

El empresario y el banquero son entonces las dos figuras emblemáticas del capitalismo. Sin embargo, sin lugar a dudas, el auténtico héroe del sistema Schumpeteriano es el empresario. Las razones que permiten al empresario escapar del círculo de comportamientos rutinarios propios del estado estacionario, se deben buscar en sus facultades de anticipación, en su voluntad de vencer, en la combinación preciosa de sueños y de calculo económico, en la mezcla creativa del principio del placer y del principio de realidad, etc. las dos fases del ciclo: prosperidad y recesión.

El movimiento cíclico fundamental comprende dos fases: la prosperidad y la depresión.

Durante la primera fase, la economía se aleja progresivamente de una posición de equilibrio inicial que corresponde al equilibrio estacionario walrasiano. Esta situación de equilibrio es favorable a las innovaciones. En efecto, aunque las invenciones conducen al progreso general de los conocimientos y pueden por tanto desarrollarse de un modo continuo, las innovaciones tienden a nacer en coyunturas estables que limitan el riesgo de fracaso. A medida que estas se difunden, por el contrario, se hace cada vez más difícil prever la evolución de los costes (porque las empresas compiten entre ellas para adquirir los factores de producción) y de los ingresos (debido a que la expansión de la producción hace más difícil la colocación del producto). La introducción de las innovaciones se hace entonces cada vez más arriesgada y su ritmo se ralentizará de un modo natural. De esto resulta que las innovaciones tienden a aparecer de manera cíclica y a concentrarse en la vecindad del equilibrio económico, y a constituirse de este modo, como dice Schumpeter, en "racimos".

Las innovaciones, a medida que se coronan con éxito, suscitan la imitación. Los métodos nuevos son objeto de plagio, eventualmente de mejora, y este proceso es más rápido en cuanto sea relativamente más fácil. El innovador, será el encargado de probar los nuevos métodos y técnicas de producción y de crear el mercado de nuevos productos . Las pruebas más difíciles se habrán superado, una vez que esté instalado el innovador.

La fase de prosperidad del ciclo se desarrolla durante el período de difusión. Esta está acompañada por "el trastorno" o la reconversión de las estructuras económicas. El empresario innovador es el primero en conquistar los nuevos mercados y consigue con ello hacerse con una ganancia de monopolio. Sus ventajas iniciales corren el peligro de verse rápidamente laminadas por la competencia de imitadores. Por otra parte, los empresarios innovadores consiguen los nuevos recursos de los que carecen haciendo aumentar su precio. Las empresas que no participen en este movimiento general sufrirán, al mismo tiempo, el alza de los costes y la caída de su demanda debida a la nueva distribución de los mercados. Así mientras aparecen las ganancias en manos de algunos, en las de otros aparecerán las pérdidas. Toda la economía entra así en una fase de "destrucción creativa", que para Schumpeter, caracteriza y define la fase de expansión.

Sin embargo, sin darse cuenta, la economía pasará a una fase de recesión. Las innovaciones son ahora generalizadas y la competencia ejerce plenamente sus efectos. Las ventajas relativas de los empresarios innovadores han desaparecido completamente. Las técnicas nuevas se convierten en la norma común, los equipos instalados y puestos en funcionamiento permiten satisfacer plenamente la demanda de mercado, y los precios tendrán ahora la tendencia a caer. Por otra parte, los beneficios obtenidos permiten reembolsar los créditos y la escasez de innovaciones limita la demanda de nuevos créditos. En consecuencia, la masa monetaria tiene la tendencia a contraerse, lo que acentúa la caída de los precios. Las quiebras de las empresas marginales se multiplican, víctimas, al mismo tiempo, de la pérdida de cuota de mercado y de la deflación.

Cuando el proceso alcanza su fin, se alcanzará un nuevo equilibrio macroeconómico. Este difiere sin duda del equilibrio precedente: la producción per-cápita es ahora más elevada, pero sobre todo se han producido cambios estructurales. Los productos que hay ahora no son los de antes, la estructura de precios relativos ha sido modificada completamente, las empresas nuevas han prosperado y otras han desaparecido, los capitales han cambiado de sitio y las personas de empleo. Sin ninguna duda, estos procesos cualitativos constituyen la parte esencial del proceso.

La ola secundaria del ciclo:

La prosperidad y la recesión constituyen la ola primaria del ciclo. Su ritmo está marcado por las innovaciones y por la imitación, y ésta es la ola cualitativamente más importante. Pero sobre este movimiento de fondo se superpone una ola secundaria, que surge de la primera y que amplifica considerablemente su perfil. Esta ola secundaria es cuantitativamente la más importante.

El flujo portador de la ola secundaria resulta, en primer lugar, de los efectos inducidos de los sectores innovadores sobre los sectores tradicionales. Debido al juego de las complementaridades industriales y a las proximidades locales, la expansión de los primeros puede ocasionar efectos de arrastre sobre los segundos. Por otra parte, la distribución de los ingresos suplementarios en las ramas motrices hace aparecer nuevos gastos en bienes de los sectores más tradicionales. En resumen, el efecto acumulativo puede acentuar la prosperidad y este mecanismo puede considerarse sin lugar a dudas como algo sano para la economía.

Pero la economía, debido al juego de las expectativas, corre el riesgo de ir demasiado lejos. La ola de optimismo que nace de la prosperidad puede hacer que los empresarios se formen expectativas equivocadas. De ello resultarán inversiones arriesgadas, riesgos contagiosos, formas peligrosas de especulación, etc., que aumentarán en exceso las inversiones y el endeudamiento.

Cuando los hechos desmientan las previsiones, lo que ocurrirá tarde o temprano, la ola secundaria caerá. En ese momento, se pondrán al descubierto los excesos y los errores y aparecerá la amenaza de una "liquidación anormal" de bienes y empresas. Como resultado se acentuará considerablemente la caída de precios y la economía se instalará en una fase de depresión. Por esa razón, la economía pasará de largo por el equilibrio al que la hubiera conducido una simple recesión y continuará hasta que la rigidez relativa de los salarios a la baja se junte con una demanda mínima de bienes de consumo creando las condiciones que jugarán un papel natural de amortiguamiento. Así, se alcanzará un nuevo equilibrio. Schumpeter tiene cuidado de subrayar que las espirales deflacionistas tienen la tendencia a autoreforzarse y que, en consecuencia, puede ser deseable que el gobierno intervenga antes de tocar fondo en la depresión.

En cualquier caso, la superposición de la ola secundaria y de la ola primaria conduce a un ciclo de cuatro fases: prosperidad, recesión, depresión y recuperación.

Los tres ciclos:

Si las innovaciones están en el origen de los ciclos, de ello no puede concluirse que éstas den lugar a un sólo movimiento. Hay múltiples razones para pensar que éstos ciclos se van a superponer unos a otros y que sólo podemos observar el resultado de tales oscilaciones.

Esto es así porque, en primer lugar, las innovaciones surgen de maneras bien diversas. Los "períodos de gestación" y las "velocidades de difusión" no son siempre las mismas. Además, algunas innovaciones mayores exigen la instalación de equipos particularmente pesados que serán construidos de un modo discontinuo. De esto resulta que hay unos ciclos más largos que otros, que nacen en momentos diferentes y que se superponen e interfieren mutuamente en su desarrollo. Finalmente, un ciclo original puede dar lugar a otros por sus efectos inducidos en dominios alejados de la innovación original.

Frente a la multiplicidad y complejidad de estas interdependencias, nos encontramos con que será imposible establecer una teoría general de los ciclos y de la evolución económica. No nos queda entonces más remedio que acudir a la historia económica, que será la única capaz de dar cuenta de las características particulares de cada período. Schumpeter, no excluye a priori que la investigación histórica y estadística sea capaz de proponer una visión de los movimientos coyunturales que son el resultado de composiciones de ciclos elementales. Esto es precisamente se propondrá Schumpeter, intentando reproducir las fluctuaciones de la economía americana como la superposición de tres ciclos elementales y para un período que abarca del principio del siglo XIX hasta los años 30.

Estos tres ciclos elementales son los siguientes:

1) Los ciclos cortos, o ciclos Kitchin (el economista que los identificó por primera vez), con una duración media de 40 meses. Como norma general se considera que estos dan cuenta de los movimientos de inventarios.

2) Los ciclos de medio plazo, o ciclos Juglar (un economista francés que los analizó en 1860), con una duración promedio de una decena de años, y que son los ciclos que habitualmente estudia la teoría económica.

3) los ciclos de largo plazo, o ciclos de Kondratief (un economista ruso cuyos trabajos empíricos publicados entre 1922 y 1925 pretendieron demostrar su existencia), con una duración media de 60 años. Aunque la existencia de tales ciclos es fuertemente criticada, Schumpeter acepta la hipótesis de Kondratief e identifica, en el período estudiado, tres ciclos de este tipo, cada uno de ellos asociado a una innovación esencial. El primero cubre los años 1780-1842 (algodón, hierro, máquina de vapor), el segundo los años 1842-1897 (ferrocarriles y acero) y el tercero empezaría en 1898 (electricidad, química y automóviles).

Schumpeter constata empíricamente que hay seis Juglar en un Kondratief, y tres Kitchin en un Juglar. Estas regularidades estadísticas le permiten descomponer y luego recomponer el perfil coyuntural de los Estados Unidos. De este modo, puede "explicar", la duración y la gravedad de las depresiones de 1825-1830, 1873-1878 y 1929-1934, por la coincidencia de las fases descendentes de los tres ciclos elementales.

Estas tesis, desarrolladas y largamente argumentadas en Business Cycles, fueron, sin embargo, mal recibidas en su tiempo y fueron objeto de numerosas críticas. En primer lugar, se argumenta, es imposible relacionar los Kitchin con los procesos de innovaciones ya que se trata de ciclos de adaptación. Al contrario, si los Kondratief pueden surgir de innovaciones principales, estas últimas parecen depender en mayor medida de accidentes de la historia que de la regularidad de las olas de innovaciones. además; por otra parte no es fácil imaginar "olas secundarias" para los Kitchin ni para los Kondratief. Es decir, la teoría Schumpeteriana, aunque parece pertinente para los Juglar, no parece demasiado aplicable a la recomposición empírica de los tres ciclos.

Pero, más allá de tales críticas, no debemos olvidar el contexto intelectual en que se inscribe la aparición de Business Cycles. En 1939, los debates suscitados por la teoría general ocupan la parte delantera del escenario. Los problemas que se discuten son los de la existencia de un equilibrio con desempleo. Vistos desde la perspectiva de un modelo agregado, cuyas ambiciones se limitan al corto plazo, y cuyas cuestiones esenciales se refieren al papel de la política económica, los trabajos de Schumpeter aparecen como desfasados con respecto a su tiempo a los ojos de muchos de sus colegas.

Durante mucho tiempo, sin embargo, se pensó que la gran ambición de sus propósitos, el eclecticismo de su método, el carácter histórico de su investigación y la ausencia de formulación condujeron a Schumpeter a un callejón sin salida. Actualmente, después de décadas de admiración respetuosa y marginal, el desarrollo del análisis empírico y de las técnicas econométricas así como las investigaciones recientes en historia económica (la llamada cliometría), han conducido a una reevaluación de esta obra y han dado lugar a una escuela "neo-shumpeteriana".

Política Económica Gubernamental

Para los economistas que interpretan la fluctuación económica como una consecuencia inevitable del progreso, no
existe necesidad de estructurar una amplia política gubernamental encaminada a segurar la estabilidad. La
concepción de Schumpeter contempla el ciclo como el resultado de esas oleadas sucesivas a través de las cuales el progreso va siendo realizado. Las medidas políticas que maten el proceso, matan también el progreso. Como decía Pareto: en el supuesto de que fuese posible evitar absolutamente las crisis ¿sería útil hacerlo?. De hecho, lo interesante desde el punto de vista social es que fomentando el crecimiento de la hostilidad general, gana el sistema. Pues en definitva, los movimientos cíclicos no son más que una muestra de vitalidad del organismo económico. El horticultor que mantuviese la misma temperatura de su invernadero, noche y día, haría perecer a un gran número de plantas.

El futuro del capitalismo

La idea fundamental de Schumpeter no se aparta de la tesis de Juglar, es decir, que la prosperidad es la única causa
de la depresión. El proceso capitalista "no por consciencia, sino por virtud", eleva progresivamente el standard de
vida de las masa: La reina Isabel tenía medias de seda. El progreso capitalista no consiste precisamente en producir más medias de seda para las reinas, sino en ponerlas al alcance de las obreras a cambio de cantidades de esfuerzo en continua disminución. Porque para él el autentico motor del capitalismo, el auténtico impulso no precede ni del
incremento demográfico, ni de la acumulación de capital sino del emprendedor espíritu empresarial (ESPIRITU DE EMPRESA).

Esquema de la Cosmovisión de Schumpeter

Características del capitalismo

1.-Cambio constante. Destrucción creativa. Búsqueda incesante de beneficios que conduce a la innovación, a
partir de una situación de equilibrio con beneficios cero. Las crisis cíclicas son inherentes al capitalismo. Hay que
preguntarse si es útil intentar evitar las crisis. La prosperidad es la única causa de la depresión. Y a la depresión
siempre le sigue la recuperación.

2.-Búsqueda del monopolio como método para disminuir riesgos. El monopolio permite amortiguar los fuertes
riesgos de la innovación a través de patentes, derechos aduaneros, etc. Sin embargo, el monopolio es beneficioso ya
que permite mejoras en la producción, que aumentan la productividad, permiten bajar los precios de los bienes y, en
definitiva, hace accesible mayores cantidades de bienes para los consumidores. Los precios del
monopolio no son rígidos sino que continuamente disminuyen. Schumpeter es uno de los introductores de los
conceptos de competencia monopolística y oligopolística. "La reina de Inglaterra tenía medias de seda. El progreso capitalista no consiste precisamente en producir medias de seda para las reinas, sino en ponerlas al alcance de las obreras a cambio de unas cantidades de esfuerzo en continua disminución"

3.-El desempleo. Que se agudiza en los períodos de adaptación a la innovación. Sin embargo, la verdadera tragedia
humana no es la desocupación, sino la imposibilidad de atender debidamente a los desocupados, lo que ocurrirá sólo
en las primeras fases del capitalismo, pues la propia generación de riqueza con el tiempo lo hará posible.
En 1978, la pobreza del mundo habrá desaparecido gracias al crecimiento económico.

4.-El crecimiento económico, motivado no por agentes exógenos (crecimiento de la población, nuevos mercados)
sino por las posibilidades que el sistema brinda al "ESPIRITU DE EMPRESA". Es la fuerza que más allá de los
incentivos económicos impulsa los empresarios a luchar contra un piélago de dificultades en búsqueda del triunfo
social (no solamente económico).

5.-El "espíritu de empresa" encuentra su principal apoyo en el espíritu de empresa del BANQUERO, como segundo
héroe del sistema. El banquero es el que con su financiación posibilita la innovación, y con ella el funcionamiento del
sistema.

Sin embargo, el sistema capitalista está condenado al fracaso por la causa de su propio triunfo. El
crecimiento de la riqueza, supondrá mayores exigencias democráticas que, se traducirán trabas al EMPRESARIO
SCHUMPETERIANO (desaparición del soporte institucional imprescindible para sistema), lo que acabará ahogando
el sistema y dando paso a una nueva etapa socialista.

El capitalismo crea un "ESPIRITU CRíTICO", que destruye la autoridad moral de muchas instituciones, y al final se
vuelve contra las suyas propias.

El mismo éxito del capitalismo socava las instituciones sociales que le protegen e inevitablemente crea condiciones
bajo las cuales no podrá vivir. Los últimos efectos de la división del trabajo, la dimensión de las empresas y la
intervención del Estado en la vida económica, han motivado la reducción numérica de los que dependen del beneficio
empresarial, aumentando, en cambio, el número de asalariados.

La fuerza que impulsó al capitalismo hacia la destrucción de la sociedad anterior a él no se detuvo, sino que, por el
contrario, continuó su labor corrosiva demoliendo los cimientos del nuevo estado de cosas. Así, el elemento más
activo del sistema, la clase burguesa, y las características temperamentales de tal clase, e incluso el eco que
despierta su actuación, han sido descritos como impopulares y antiheroícos. Es su propio éxito económico el que la
debilita.

Por otro lado, las grandes empresas se han visto obligadas, para conseguir la mayor eficiencia posible, a crear nuevos
servicios cuya coordinación en algunos casos llega s ser realmente difícil. A la larga se ha producido el divorcio entre
propietarios y administradores. Cada vez hay menos gente dispuesta a defender el sistema.

 Fotografía de Schumpeter a diferentes edades; en la primera tiene 15 años cuando estudiaba en el Theresianum de Viena, el elitista Instituto de la Aristocracia del Imperio Austro-Húngaro. En cabezara, vemos a Schumpeter de excursión en el Monte Riga cerca de Taconic cerca de Harvard, en 1948. En la última imagen aparece con 65 años.

 

esq
 
 
 
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